Menu sup

Historia

Historia

Fue proyectado por Emili Pou. Se inauguró el 31-07-1860 como faro de 6º orden con luz fija y lámparas de nivel constante de una mecha, aunque la óptica que se instaló fue de 5º orden. En 1919 se añadieron a la óptica unas pantallas giratorias que producían una apariencia luminosa de 2 ocultaciones cada 10 segundos, iluminando mediante gas acetileno elaborado en un gasógeno instalado dentro de una caseta aneja al faro. En 1950 se estropeó el sistema de acetileno y se recuperó el uso de lámparas Maris o Aladino (se usaron ambas alternativamente) con petróleo como combustible. En 1962 se sustituyó la vieja linterna por una aeromarítima y además se electrificó la señal y se recreció su torre. En esta fecha se cambió también la óptica, y se instaló una aeromarítima de 4º orden que generaba una apariencia luminosa de 4 destellos cada 20 segundos. El alumbrado se producía entonces mediante lámparas eléctricas de 1500 w. En septiembre de 1970 comenzó a funcionar el radiofaro allí instalado (hoy GPS Diferencial DGPS). En ese año se realizó la ampliación de viviendas. Debido a la poca altura de ese acantilado, en los días de fuerte temporal de SW, el agua llega a afectar a las dependencias del faro. De entre los naufragios ocurridos en este punto destaca el acontecido en 1953, cuando en la madrugada del día 1 de abril, embarrancó en la Punta de Mulá el buque Ciudad de Palma de la Compañía Trasmediterránea, sin que se sufrieran pérdidas de vidas humanas. Como en un principio el faro contaba con servicio de abastecimiento por lancha, se abrió un camino en el acantilado para subir desde el mar las provisiones y el combustible. Hoy todavía pueden verse los restos de aquel pequeño embarcadero y el camino de acceso. Cuando en 1926 se colocó una baliza automática en el islote del Toro, fueron los fareros de Calafiguera los encargados de su mantenimiento, por lo que eran recogidos en el embarcadero cercano al faro y llevados hasta el islote para proceder allí al mantenimiento de la señal. Una de las labores más duras y peligrosas consistía en subir las bombonas de acetileno por un pescante colocado al borde del acantilado del islote y acarrearlas hasta la baliza, cosa que si el mar no estaba muy calmado resultaba una tarea muy complicada.